HOLA PAPA, VIEJO MIO
Oración a mi Padre enfermo en estos momentos
POR: RAMON PALACIO BETTER 

Papá, Dios permita, con su anuencia y bendición logres salir adelante en tan difíciles momentos por los que atraviesa tu estado de salud en estos instantes, solo El, y el evidente acompañamiento decidido de los médicos, especialistas y colaboradores que te atienden y valoran podrán sacarte y mejorarte de los graves padecimientos físicos que se han venido encima con excepcional avasallamiento. Hoy quiero recordarte cuando me decías hijo, la esperanza es como un horizonte amplio y abierto. Así que, cultívala dentro de ti mismo. Mira a las situaciones y a los demás como estando en niveles pasajeros que, algún día, se abrirán completamente, permitiendo que la luz entre ti. No caigas en la trampa de tener expectativas; no, la vida es tan diversificada que más vale la pena mantener el espíritu completamente abierto a lo que sea. Aprender que, aunque hoy haya un problema, este deberá un día volverse parte de mi aprendizaje y con esta experiencia ayudaré a otros a superar estos obstáculos”. Mi querido viejo, hoy quiero perpetuar en mi ser estos nobles consejos y expresarte, que tu persona siempre ha ocupado, ocupa y ocupara un lugar en mi corazón, en mi mente, en mis aspiraciones, en mis éxitos, en mis fracasos, en la cotianidad de mi existencia, porque te pertenezco, siempre llevo impreso tu amor de padre, tu educación, tus inagotables consejos y tu especial prudencia y la rectitud de tus honorables procederes en tus labores y en tu formación, tus iniciativas, tus decisiones, la imagen de tu presencia siempre han estado y estarán detrás de mis ojos desde muy niño hasta estos momentos de mi existencia.

 

En todos los acontecimientos importantes, significativos o no de mi vida, en todas las decisiones definitivas, en todas las alegrías ha estado presente tu imagen de padre, en las enfermedades, tristezas y en los contundentes golpes que nos ha dado la vida, siempre estas tu, padre, me ayudaste, me soportaste con un valor y apoyo incuestionable y básico, único e irremplazable. Siempre tu haz sido el eje de mi vida, de mi existencia, de mi educación, de mi formación, de mis modales, de mis costumbres, de mis motivaciones, porque  eres la ruta, el eje, quizás el insuperable aguantador responsable de mis actuaciones. Tu padre, siempre haz sido el control de mis contornos y fronteras. Tu presencia en mi vida es producto de las leyes que pregonaste en casa y me vienen a la mente en todos los momentos que mas las necesito. Eres padre, como la solución de lo que siempre me ha sido imposible. Eres, quizás el modelo que otros critican por fuera pero que yo admito y valoro por dentro mí. Eres el control que a veces lo hecho en cara, porque me creaste todo un hombre... y luego la vida me ha demostrado lo mucho que te necesito. Eres ese modelo de padre fuerte, seco, sabio, conocedor, que habla sin titubeos y me descubre lo que yo mismo no me atrevo a confesar.

 

Eres ese hombre conversador, serio, amable, cordial, conciliador que le quita a la vida ese sello adusto, insociable y aburrido que tanto detesto. Eres el padre que siempre tiene tiempo para mí y que todo lo que me es importante siempre te ha interesado. Eres como la voz de mando y, sin embargo, nunca me contradices cuando digo o decido lo contrario. Eres el padre que conociste los peligros de la vida antes que yo, y me alertas, me previenes, me pones en guardia. Eres el padre que lee en mis ojos lo que yo quiero ocultar y adivina de mi corazón lo que no quiero mostrar a nadie. Y así, me enseñaste a crecer poco a poco en esta vida. Cuando triunfo, no dejas que me envanezca, ni mirar por encima del hombro a los demás, siempre mides mis éxitos por lo que me ha costado trabajarlo, conseguirlo, y valoras como debe ser, la ayuda que he recibido de Dios. Cuando fracaso, no me hieres, ni me recriminas, ni me acusas, por el contrario me muestras el rayo de luz para aguantarlo, soportarlo y me señalas el camino que siempre nos deja Dios para poder reconstruirnos, rehacernos y tomar nuevamente fuerzas sin quedar más cicatrices que las del amor. Jamás me abandonas a mi suerte, pero tampoco quitas todo radio de acción para que pueda realizarme solo. Siempre estás sobre aviso, para siempre llegar a tiempo. No me amarrastes nunca las alas, me enseñaste a pilotear y sobrevolar como debe ser en las cosas y formas de vida que consigo con mis propios esfuerzos.

 
No me disfrazas, ni escondes los peligros, me das el alerta para protegerme de ellos. No me mueves los pies porque me enseñaste a caminar desde muy niño. No me construyes el edificio porque me colocaste las bases, los cimientos. No me educaste a lo antiguo, ni me dejaste ahogar en lo moderno. No me impediste divertirme, pero me hiciste entender los niveles, los límites, los muros, hasta la fuerza que llevo dentro para cuando sea necesario oponerme. Siempre buscaste la forma para que nuestras vidas encajaran entre padre e hijo. Eres un hombre de cubierta dura, fuerte pero con una ternura fresca que la ablandan tus buenos sentimientos y las buenas razones que siempre posees. Eres un hombre que parece inflexible, tenaz, indoblegable, pero puertas adentro, tienes incrustado oro en el corazón y pinceladas de cielo en las ilusiones de tu aristocratizada inteligencia. Eres un hombre de tronco recio, pero con una pulpa dulce. De corteza gruesa, pero delicada, fina y suave por debajo.

 
La voluntad de habernos dado una niñez feliz, una adolescencia protegida, tener una madre que siempre respetamos y un hogar con orden y dignidad en donde no te pesaron nunca las cargas de tus hijos... porque Dios te confió ese honor. Mi padre es ese hombre que experimentó lo que yo quiero conocer, y que me ha servido de maestro. Es ese que modeló su vida y me sirve de ejemplo. Es ese que está vinculado a mi vida con un lazo material y espiritual que nadie puede desatar, ni romperlo. Lo trato como a un ser único, un ser dispuesto, vigilante, ayudador, amoroso, que nos quiere, nos ayuda y nos cuida. Lo trato con todo respeto, con todo lo humano, lo divino, lo sensible, lo hondo y lo enaltecedor que es tener un padre como tu. Padre, lleva siempre en tu espíritu sujeta la punta del otro extremo del lazo que afortunadamente desde que nací me ha mantenido atado continuamente junto a ti. VIEJO MIO, QUE DIOS TE BENDIGA Y TE PROTEJA SIEMPRE.