UN TREN EN EL QUE VIAJAMOS TODOS

POR: RAMON PALACIO BETTER

La vida aun cuando muchos no compartan estos comentarios, no es mas que un viaje en tren, repleto de embarques y desembarques salpicado de incidentes y también de accidentes, sorpresas agradables en algunos y desagradables con profundas tristezas en otros. Al nacer nos subimos al tren y nos encontramos con algunas personas las cuales creemos que siempre estarán con nosotros en este gran viaje: Nuestros padres, lamentablemente la verdad es otra.  Ellos se bajaran en alguna parte de una estación y dejándonos huérfanos de su cariño, amistad y de su irremplazable compañía. Mi madre lamentablemente se bajo del tren, muy temprano.

No obstante esto no impide a que se suban otras personas que nos serán muy especiales. Llegan nuestros hermanos, nuestros amigos y también nuestros maravillosos amores y nuestros hijos. De todas las personas que toman el tren, habrá quienes lo hacen como un simple paseo, otros que encontraran solamente tristeza en el viaje, y habrá otros que circulando por el tren, estarán siempre listos en ayudar a quien lo necesite. Muchos al bajar, dejan una añoranza permanente, otros pasan tan desapercibidos que ni siquiera nos damos cuenta que desocuparon el asiento.

Es curioso constatar, que algunos pasajeros quienes nos son más queridos, se acomodan en vagones distintos al nuestro. Por lo tanto se nos obliga realizar el trayecto o recorrido separados de ellos. Desde luego, no se nos impide durante el viaje, que recorramos con dificultad nuestro vagón y lleguemos a ellos, pero lamentablemente ya no podremos sentarnos a su lado, pues habrá otra persona ocupando el asiento. En pleno viaje debemos tratar de relacionarnos lo mejor posible, con todos los pasajeros que viajamos en el tren; buscando en cada uno, lo mejor que tenga.

Recordemos siempre que en algún momento del trayecto, ellos podrán titubear, cambiar o confundirse y probablemente precisaremos entenderlos, ya que nosotros también muchas veces nos ocurrirá lo mismo y habrá alguien quien nos comprenda. El gran misterio al fin, es que no sabremos jamás en que estación nos bajaremos, mucho menos en donde bajaran nuestros compañeros de viaje, ni siquiera el que esta sentado junto a nosotros en el asiento de al lado. Me quedo pensando que cuando me toque bajar del tren, sentiré nostalgia y tristeza, creo que si. Separarme de las personas que más quieres, de los amigos y compañeros que me hice durante el viaje, no será nada fácil de olvidar, es doloroso, muy aflictivo.

Dejar a mis hijos y a mis seres mas queridos, dejarlos solos, para que continúen solo con su madre, no será nada fácil de olvidar, debe ser muy triste, deplorable y lastimoso. Claro que en mi interior presiento la esperanza de que en algún momento llegare a la estación principal y tendré la gran oportunidad y emoción de verlos llegar a todos y con un equipaje que no tenían cuando embarcaron. Me hará sentir muy feliz, será pensar que colaborare al máximo y muy sinceramente para que el equipaje creciera y se hiciera así, mas valioso.

Dios, Jesucristo y nuestra familia, la mía, la tuya, la de cada uno, es verdaderamente el único refugio con el que contamos, no para escondernos u ocultarnos, sino para sincerarnos, no para desentendernos, sino para entender mejor la realidad social de  nuestro alrededor y contribuir en lo posible a mejorarla. Por ello amigos, hagamos que nuestra estadía en este gran y veloz tren, sea cada día mas tranquila y que haya valido la pena estar allí. Hagamos tanto, para que cuando llegue el momento de desembarcar, nuestro asiento vació, deje añoranzas y lindos recuerdos a los que en el viaje permanezcan. Dios te pido que así sea.

OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO
SANTA MARTA, 29 DE ABRIL DEL AÑO 2002.