TANGIBLE ETERNIDAD

POR: RAMON PALACIO BETTER

 

Conocer A Jesús, es algo indescriptible, extraordinario, fabuloso, colosal e inenarrable; a pesar de estas circunstancias especiales, me atrevo a expresar lo que realmente concurre a mi mente cuando pienso en el. Sócrates y Aristóteles enseñaron para la humanidad muchas cosas importantes, sus escuelas filosóficas y espirituales se consolidaron durante aproximadamente 40 años. Platón por su lado, también nos dejo innumerables enseñanzas y doctrinas científicas,  universales caracterizadas generalmente por lo espiritual e irrealizables; “El Amor Platónico”,

 

Sin embargo Jesús de Nazaret solo enseño y predico sus doctrinas de amor y paz tan solo en tres años. A pesar de tan poco y breve tiempo, estos tres años tuvieron una importante influencia que supero infinitamente la de estos tres grandes filósofos griegos de la antigüedad, quienes a base de la sabiduría que solo podemos lograr los seres humanos de este planeta, no pudieron obtener, ni lograr en éxito, ni el prolongamiento de sus teorías y doctrinas, como si lo ha logrado Jesús de Nazaret.

 

La mayoría de los habitantes de una u otra civilización que poblamos el planeta tierra, lleva consigo el inconfundible sello o tatuaje en su corazón de la moral cristiana. Pues, allí esta siempre nuestro refugio y para todas las edades. Es así como podemos observar en el discurrir de la historia mundial, que existen grandes artistas y celebres poetas que tomaron como catapulta e impulso de sus actuaciones intelectuales, el cristianismo.

 

Hasta los destacados e incomparables músicos de la antigüedad, tomaron para sus más sublimes obras musicales, la gloria de Cristo en cada uno de sus composiciones. Desde luego, que la obra que nosotros los hombres hemos elaborado y desarrollado, por más perfecta que esta sea, no podrá compararse nunca, ni equipararse jamás, con las tangibles obras para la eternidad, realizadas por el hijo del humilde carpintero, en el corazón de cada uno de nosotros.

 

La obra propia del Señor Jesús, es y ha sido por largos años la salvación de nuestra alma. Ni la filosofía, ni el arte, ni la literatura, ni la música, jamás podrán cumplirse de no existir la gran obra de Jesús de Nazaret. Únicamente el hijo del Dios Todopoderoso puede destruir el poder del pecado. Solo Jesús puede hablarnos de potencias o de fuerzas en medio de la debilidad y también de la vida en medio de la muerte.

 

Evidentemente, que la mayoría de las personas pertenecientes a una u otra civilización de este mundo, admiran a Jesús, aun cuando sea de lejos. Y todos o la gran mayoría lo adoptan meramente como modelo y tratan de inmediato de esforzarse por ordenar la vida conforme a la suya. En realidad todos debemos abrir las puertas de nuestro corazón y de nuestra vida, e invitar a Jesús de Nazaret a tomarse o apoderarse de nuestras vidas como salvador.

 

Se podrán hacer largos y extensos discursos sobre Jesucristo, pero si no lo haz recibido en tu corazón, de nada te servirán las palabras que digas. Mientras que los que si abren su corazón a Jesús, son mucho mas favorecidos. Solo así, tendremos la palabra de Dios y la del Espíritu Santo. Innegablemente. En ninguna parte de las escrituras bíblicas, Dios dejo escrito, que nos encargáramos de gobernar el mundo, ni que lo salváramos.

 

Cada uno debe saber tener su propia relación espiritual con Dios Todopoderoso. Lo más esencial de nosotros como seres humanos, es la vida cristiana que vive y habita al interior de cada uno de nosotros. La verdad es que, en uno no cuenta nada, lo que uno parece ser externamente, por bonito o simpático que seas; lo que en realidad sucede y cuenta en uno, es lo que llevamos dentro del corazón y de nuestra alma, que debemos siempre embellecer con los viejos pero esenciales productos, como, la oración, la palabra, el perdón, el arrepentimiento, la comunión y la fe.

 

Si verdaderamente creemos y amamos a Jesús de Nazaret, a todos se nos notara, sin que nos demos cuenta y a menudo no nos faltaran las oportunidades para hablar de el, a nuestro alrededor. No nos dejemos impresionar por la gente que hace alarde de sus conocimientos religiosos. Solo en las Sagradas Escrituras esta la verdad y del mismo Dios, es un amor tangible y eterno. Solo Jesús es el camino recto, la verdad y también nuestra vida. Ojo con esto.

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SANTA MARTA, 23 DE ABRIL DEL AÑO 2002.