RECUPERAR EL ANTIGUO ENCANTO DE LA CIUDAD

POR : RAMON PALACIO BETTER

El desarrollo económico de la ciudad depende de las políticas que se emprendan en la ciudad misma. El deterioro en los niveles de vida, el crecimiento del desempleo y la falta de oportunidades, son sin duda alguna los poderosos incentivos que necesitamos sepultar y desaparecer prontamente, con ello además se estaría dando un fuerte golpe a la delincuencia existente. Sin impunidad la delincuencia seria mucho menor. Por razones ecológicas, Santa Marta debería tener restricciones muy evidentes al tipo de actividades económicas que son perfectamente viables.

 

Desde la producción de los bienes de servicios turísticos e industriales sofisticados por su alto valor y que no requieren de cantidades significativas de agua, ni de energía eléctrica, hasta de las actividades económicas que demandan una infraestructura moderna y de una calidad de educación para su aplicación; hoy somos perfectamente conscientes que la ciudad adolece extrañamente de estos principios. En lugar de vincular lo que no esta asociado con la historia de nuestra ciudad, mejor seria atacar los problemas de fondo de una vez por todas.

 

Estamos obligados a que esta ciudad Bolivariana recupere su antiguo encanto. Tenemos que transformar y profesionalizar nuestro futuro, para darle a los samarios que la integran un nuevo rumbo y en conjunto crear una estructura de estrictos controles e incentivos, que conduzcan al desarrollo económico. En las ultimas décadas, es notable que el atraso se ha venido adueñando de la ciudad. Su gravedad solo podrá comenzarce a descubrir, en la medida que reconozcamos el origen de nuestros principales problemas. Sin saber hacia donde nos dirigimos, no-sera jamas conducente el combate contra el deterioro de nuestros niveles de vida.

 

Será siempre ineficaz el no incluir mejores oportunidades que permitan un cambio por la vía de un marco de progreso apropiado y aplicado para todos sin excepciones. La economía mundial ha cambiado radicalmente la naturaleza hasta de nuestras historias citadinas que por décadas existieron en nuestra ciudad, en donde han fallecido connotables personajes del continente americano como El Libertador Simón Bolívar, quien murió en la Quinta de San Pedro Alejandrino, hasta Don José Eusebio Caro,  fundador del Partido Conservador de Colombia y quien muere también en esta histórica ciudad en una augusta residencia de la época y en donde hoy funciona una importante casa comercial de la ciudad en las inmediaciones de la plaza de la catedral. Inevitablemente el desenfrenado crecimiento de la ciudad paulatinamente ha cambiado el perfil histórico de la ciudad, la transformo en una ciudad mucho más compleja y trajo consigo muchos de los peores vicios que incluye el desarrollo mal entendido.

 

La contaminación del aire y de nuestros bienes naturales, como la imperdonable destrucción de uno de nuestros más importantes hitos, como Punta de Betin y los cerros aledaños; el desorden patético del transito de la ciudad es testigo del descontrolado gigantismo, la delincuencia y la impersonalidad, también han estado juntos en estos anormales procesos de expansión y crecimiento. De un sistema político centralizante, pasamos a una especie de gigantismo que nos caracteriza por la ausencia de estrategias de desarrollo urbano, que día a día permitieron agravar las problemáticas de la ciudad. Si bien es cierto que el desarrollo económico es lo fundamental en nuestro caso, también es muy evidente que se debemos emprender todos unas acciones a favor de nuestra ciudad y para hacer de ella un dinámico polo de desarrollo, libre de la delincuencia y de la violencia.

 

Hoy existen hechos al interior de nuestra ciudad, incontrovertibles que nos transforman para mal. La delincuencia y la violencia han cobrado formas en las ultimas décadas muy características y de frecuencias inusitadas. Santa Marta hace solo unos años atrás, era una ciudad tranquila, en el que crecían y se desarrollaban las familias viendo a sus niños jugar en la calle, podían salir crecer y desarrollarse jugando fútbol o lo que quisieran frente a sus hogares, sin que mediara un riesgo significativo. Las calles y carreras eran seguras y aun que existía un cierto nivel de criminalidad como en cualquier otro lugar del mundo, la delincuencia no era la principal fuente de preocupación de la ciudadanía.

 

La convivencia ciudadana era en esos tiempos razonablemente estrecha, pero tranquila, cordial y especialmente en paz.

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SANTA MARTA 27 DE FEBRERO DEL AÑO 2001