Recambios inapelables modernizan el Estado

Por: Ramón Palacio Better

La sociedad colombiana se ha manifestado de maneras muy diversas en los últimos años y en reiteradas oportunidades a favor de los cambios que necesitan los distintos escenarios públicos de la democracia, no solamente en las tradicionales formas de hacer política, sino también en las personas de los dirigentes. La renovación o recambio de los cuadros dirigenciales no debe utilizarce como pretexto para  poder disponer unas modificaciones que realmente provienen de algún antojo personal, ni tampoco deben ser consideradas como responsabilidad especifica de un determinado gobierno en particular.

 

En Colombia es necesario, además muy conveniente la continua renovación y recambio de los elencos que protagonizan la conducción de la política y de la administración publica, tanto de la república, como de los departamentos, distritos y alcaldías municipales. Es un concepto ampliamente necesario saludable para la sociedad nacional, que incluye también a las Instituciones o Agencias del Estado, francamente deterioradas en los últimos años por el evidente continuismo burocrático.

 

La sociedad colombiana sabe que en muy pocos casos que se pueden contar con los dedos de una sola mano, ciertos y determinados eventos, son convenientes y se deben apoyar a titulo excepcional; la continuidad de los funcionarios o dirigentes, honestos u honrados, probos y especialmente idóneos, que laboran en condiciones de contribuir con su trabajo en el eficiente manejo de los asuntos públicos, dirigiendo, asesorando las gestiones de gobierno y de la política, para lograr seguir trabajando por el bien común, es imprescindible, como esencial y vital.

 

Mas que un eslogan publicitario de campaña política o administrativa preñada de intereses particulares o personales, el reclamo es indudable y esta orientado a favor de la renovación o recambios de unos imperativos políticos que no han dado lugar a una alternancia periódica en los cargos o distinciones que ofrece el Estado Colombiano.

 

En la mayoría de las democracias del Continente Americano actualmente estas circunstancias siempre han sido requisitos ineludibles, como consecuencia de las disciplinas partidarias establecidas desde la creación de las doctrinas políticas que hacen parte de la formación de cada república; sin embargo, la renovación, las reformas o recambios, son indispensables, especialmente cuando gobernantes y dirigentes quieren perpetuarse en el poder, al costo que sea, aun ofreciendo cargos, prebendas, de intereses o beneficio personal y particular para complacer a la dirigencia que los acepta y requiere.

 

Para impulsar las renovaciones y recambios de los que nunca han logrado hacer nada, no necesariamente se requiere que sean otras caras las que deben renovarse, sino que, también sean otros los métodos y estilos para poder hacer cumplir mejor sus responsabilidades con el pueblo y en los periodos durante los cuales ejercen sus dignidades en la política o en la administración publica.

 

En Colombia hay dirigentes que llevan muchos lustros en los escenarios de la política regional y nacional, son catalogados como dirigentes pero sin récord de servicio alguno, ni resultados positivos en favor del bien común o general, ni tampoco han sabido ocupar o desempeñar muy bien las responsabilidades de las dignidades otorgadas para el manejo de los asuntos públicos del Estado.

 

Estos reclamos generales de la sociedad colombiana a favor de un recambio profundo en los escenarios de la política y del Estado, son inapelables, desde luego, contrastan estas aspiraciones de la población con la actitud de ciertos dirigentes perfectamente amañados, que aun cuando saben que están totalmente carbonizados, todavía pretenden presentarse a consideración del pueblo, seguramente para volver a seguir haciendo mas de lo mismo, nada.

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SANTA MARTA, 4 DE JUNIO DEL AÑO 2003