NUEVOS DUEÑOS DE SANTA MARTA

POR: RAMON PALACIO BETTER

Durante el pasado no muy lejano, existió una época en que todos nos sentimos muy felices y orgullosos por los encantos y bellezas de nuestra bonita ciudad de Santa Marta. Siempre nos gusto su especial tranquilidad, todo era muy tranquilo, sin aceleres ni desorden alguno, la ciudad se movía muy consecuente con una lenta expansión y proporcional al numero de habitantes. Conservábamos unos ambientes muy sanos en el paisaje urbano, caracterizado siempre por la mezcla de procesos Arquitectónicos con añejos perfiles urbanos que entremezclan las culturas Prehispanicas y Coloniales. 

Era un lugar muy bello, interesante y sin alteraciones en su pulso urbano, con enormes esperanzas futuras de progreso, que atraían como imán a todo el mundo. Desde luego, que también existían innumerables problemas, pero muy manejables de solucionar. Creo que nos considerábamos muy afortunados por vivir en esta Histórica Ciudad. En ese entonces en la superficie no era visible el caos que hoy se ha gestado; jamas nos imaginamos, que estaríamos sembrando unas semillas que habrían de convertir a Santa Marta, en la pesadilla urbana que hoy habitamos. 

Por supuesto que tiene mucho que ver, la sucesión implacable de los malos gobiernos, cada vez peores y que nos han llevado al deterioro generalizado de muchos factores, como la seguridad, la contaminación ambiental y visual; El carbón todo el día cae al mar y nos importa un comino; En el centro histórico el automovilista hace lo que le da la gana y no hay orden, no se respeta al peatón; De los buses y busetas ni para que hablar, es un síndrome de afanes e irresponsabilidades que amenaza diariamente a la ciudad. Las impunes e ilegales invasiones de los espacios públicos, tanto en los andenes, como en las vías y plazas publicas, es una vergüenza. Porque no se gobierna bien para estas adversidades y que protagonizan los nuevos dueños de la ciudad. 

Ahora, para desgracia de los Samarios, la capital del Magdalena ya no pertenece mas a sus habitantes, porque estos nuevos dueños de la ciudad, son grupos de todo tipo y que actúan como las hordas de bárbaros que asolaban a las comunidades en el pasado lejano. Es una gama de grupos que imponen con violencia sus intereses, totalmente al margen de la ley, violando los derechos y normas de los habitantes de una ciudad histórica, respetuosa y con una innegable tradición, en la tranquilidad de su pulso urbano. 

Este escenario, que sufrimos hoy en día en la capital del Magdalena, nos indica que vivimos atrapados por un extraño sistema, quizás regido aun, por la ley del mas fuerte y el cual se da, porque las leyes se ignoran y la impunidad cobija a la delincuencia. Ojalá no sea, que la única explicación honesta al existente caos que diariamente vivimos los ahora sufridos habitantes de la ciudad de Santa Marta, sea la pésima actuación de sus gobernantes o de quienes asumen estas responsabilidades ante la democracia y se han negado a darle vigencia al estado de derecho.  

Los Samarios sabemos que hay cuestiones terribles para los habitantes de la capital del Magdalena, como la inseguridad, la delincuencia, el secuestro y otros factores que minan el espíritu y la salud. Sin embargo hay otros males que aparentemente no son tan graves, pero que, si son como una gota de agua que día a día va rompiendo y perforando las estructuras de la civilidad. Se han tomado estos diversos grupos, parte de los territorios dentro de la ciudad, mediante bloqueos e invasiones de las zonas privadas y publicas, de las que se apropian demostrando ser los nuevos dueños de la ciudad. 

Son una plaga, como bien que cada día que pasa, van extendiéndose por toda la ciudad, sin control, ni detenimiento alguno y paralizan el Distrito cuantas veces quieren, impidiendo la libertad de transito de nuestros habitantes y alterando nuestras tradicionales costumbres y cada día son mas y nadie esta haciendo nada para detenerlos y solucionarlos. Los Samarios nos estamos acostumbrando a vivir sitiados por un ejercito amorfo de invasores ambulantes y manifestantes que operan con absoluta impunidad y mantienen atrapados sin salida a todos los, que si pagan sus impuestos y también cumplen con las leyes de la ciudad. 

Esta es una enorme e injusta ironía, que quienes históricamente mas aportan y han aportado con sus economías y formas de vida, a las costumbres y modelos sociales de nuestras culturas caribes, para la existencia de la ciudad, hoy tengan que vivir de rodillas ante quienes exigen todo a cambio de nada, pues además de este ejercito de implicados que deforman y complican la vida en la ciudad, existen además otros cuerpos organizados que atacan aquí y allá, robando, violando, asesinando, secuestrando a los Samarios y Magdalenses. Parecería ser que somos ineptos y demasiados complacientes. 

Evidentemente, que estos grupos que alteran y que recorren la ciudad controlando los territorios que pertenecen a los habitantes, van a continuar sin control alguno, hasta tanto no haya un gobierno integro y eficiente. Por esto los tradicionales y verdaderos dueños de la ciudad, Samarios, Samarias y Magdalenenses, trabajadores, honestos y respetuosos de la ley, debemos promover un cambio. Un cambio que se necesita con urgencia, y que estos informales grupos, sirvan de marco de referencia para las próximos Administraciones, para desaparecer a estos insoportables nuevos dueños de la ciudad, mediante un gobierno que entienda y este dispuesto a desempeñar su principal obligación; cumplir y hacer cumplir las leyes, exclusivamente.  

Por estas razones debemos tener muy presente hacia donde nos dirigen estas extrañas fuerzas, que desorganizan la ciudad. Nuestra sociedad no debe seguir perdiendo mas espacios. ¿Hacia donde se dirige nuestra ciudad, cuando va perdiendo hasta los más elementales valores de civilidad? Esta es una pregunta de mucha seriedad, cuando observamos todos los días cómo se atropella y abandona el amor y el respeto por nuestras vidas y también por nuestra ciudad. 

Debemos por lo tanto, cuidar la memoria histórica de la ciudad tranquila y apacible de otras épocas. La historia de Santa Marta, no es un mero cuento de hechos pasados, sino la preservación de las experiencias que hemos vivido sus habitantes o pobladores. Si no podemos vivir respetados como seres humanos, si no podemos existir, sin la cultura que sintetiza la experiencia del tradicional Samario, se nos esta imponiendo una clara forma de deshumanización, la perdida y olvido de nuestras memorias históricas, que protagonizan estos nuevos dueños de Santa Marta en un inconfundible abuso, en contra de nuestra civilización.

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SANTA MARTA, 1 DE AGOSTO DEL AÑO 2000.