¿MOMENTOS INADECUADOS PARA LA MERITOCRACIA Y LA PERFILITIS?

POR: RAMON PALACIO BETTER

Están muy de moda estas palabras que consigo misma encierran el futuro y las esperanzas de los mejores profesionales y especialistas, con los que cuenta Colombia, para proveer las gerencias regionales de importantes Instituciones del Estado. Sin embargo, estas aparentemente buenas intenciones, nos preocupan, porque estamos frente a un país que se debate a diario entre grandes odios y  diferencias ideológicas partidistas provenientes aun de uno u otro dirigente incomodado por cualquier razón, por un lado y por el otro, la falta de empleo, de salarios dignos y la evidente fragilidad del Estado en los temas de la guerra y las confrontaciones armadas que a diario se disputan con los violentos. Razones que nos tienen a todos los colombianos extrañados, preocupados y aun más pensativos.

En medio de tantas necesidades por todas partes del país, como muy seguramente le consta al presidente y su equipo de trabajo, que ha recorrido el país realizando reuniones comunales, para lograr identificar desde la propia base, los innumerables problemas por los que atraviesa la sociedad colombiana. Por ello creo y estamos seguros que no sean estos los tiempos adecuados o apropiados para establecer unas jerarquías académicas suficientes para escoger regionalmente a los mejores y con sus méritos poder acceder a dirigir una institución regional del orden nacional.

Los méritos y el perfil de quienes han estudiado una carrera profesional en una universidad colombiana o del exterior, sin lugar a dudas es una suficiente calificación, para dirigir una empresa del orden estatal. No comparto con quienes quieren poner en practica estos adelantados y modernos sistemas, de meritocracia y perfilitis, que bien son utilizados en países que no experimentan, ni han experimentado nunca, las difíciles situaciones financieras, económicas y civiles que ciertamente vivimos en la actualidad los colombianos.

En la opinión de muchos, pareciera ser una sana intención aplicable, pero para momentos adecuados, no inadecuados como los que actualmente vive la sociedad colombiana. Por difíciles que sean las situaciones que viven nuestras instituciones, en cualquier circunstancia en que se encuentre hoy, de lo que verdaderamente si necesita, es de ciudadanos de bien incorruptibles con un prestigio moral y ético suficiente para diligenciar con eficiencia el desempeño de las funciones al frente de las entidades del Estado, con ello, legitimizan al gobierno nacional.

Nuevos patriotas con la suficiente valentía y patriotismo para denunciar ante las autoridades las acciones corruptas y delicuenciales que han deteriorado la imagen empresarial de estas instituciones regionales, en los últimos tiempos.

¿De que nos servirán a los Samarios y Magdalenenses, tener genios o importantes estudiosos y especializados al frente del Sena, Dian, Bienestar Familiar y quien sabe cuantas otras instituciones, si no hay aun dinero suficiente para las inversiones sociales y publicas?. Creo se ha estado promoviendo una fuerte confusión dispersa a manera de cortina de humo blanco en la sociedad colombiana con estas extrañas maneras de proponer dirigir repentinamente y con lujo de detalles estas instituciones regionales, con pilotos especializados, que van a ser manejados a control remoto como si estuviéramos en una nación lo suficientemente organizada y libre de males.

En verdad, las decisiones más importantes se hacen desde el centro del país, porque, aquí solo somos administradores regionales, lo demás se hace en Bogotá, presupuesto de gastos y de inversiones sociales. ¿De que sirven estos innegables méritos que obtienen mediante un gran esfuerzo los ciudadanos colombianos durante su excelente preparación intelectual y profesional, si aun no se exigen en algunas dependencias del Estado, los méritos requeridos, ni siquiera los tradicionales títulos profesionales?

Ni tampoco se exigen méritos ni títulos profesionales a los distintos candidatos por elección popular a gobernadores, alcaldes, concejales, diputados; ni mucho menos, se les exigen estos méritos y títulos a los candidatos al parlamento colombiano, en donde finalmente se cuajan y refrigeran todos los proyectos que tratan de organizar a la nación. En estos momentos de tanta confusión en el país, creo que no son propicias estas propuestas de meritocracia y perfilitis que se pretenden aplicar en Colombia. Igualmente pienso que lo primero es empezar pero con los méritos y perfiles de los candidatos de elección popular.

De que nos va a servir la tan cacareada meritocracia o perfilitis, si para administrar y dirigir pobreza, estaticismo, centralismo y quien sabe cuantas trabas mas, que no le dan independencia, ni autonomía regional alguna, a los gerentes al frente de estas instituciones y desde sus respectivos cargos.

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SANTA MARTA, 9 DE NOVIEMBRE DEL AÑO 2002