MIRÉMONOS A NOSOTROS MISMOS

 

POR : RAMON PALACIO BETTER

 

En los actuales momentos de la vida nacional, es ineludible como imponderable que todos los sectores de nuestra maltratada y amoratada sociedad por razones y motivos en las cuales no es responsable. Esta vez con una verdadera lupa revise de manera detallada su propio comportamiento y sus posturas ante el descalabro de nación que tenemos, en donde los cambios no cambian y los incontables problemas no cuenta y que a diario estremecen y empeoran el estado anímico de los ciudadanos que padecen las consecuencias de estos graves hechos, que definitivamente nos entristecen a todos.

 

Esta enorme cuota de responsabilidad política, económica y social, por todos estos hechos y sucesos, también es de todos y tienen que ver de una u otra forma, con el grado de participación o no que hace nuestra sociedad colombiana. Que en mi concepto, nunca debió estar exenta o distanciada como garante que es, de estas obligaciones morales y civiles para saber elegir a los gobernantes de nuestra republica, de manera mas consciente y real, especialmente con los pies puestos en la tierra.

 

Estos aspectos de la realidad nacional y la repetitiva evolución constante, diaria y en cada momento de los inestimables e incontables acontecimientos endémicos que nos jalonan a una peor forma de vida, ante el miedo y ante el terror que actualmente vive perpleja la sociedad colombiana, y que nunca jamás, tuvo, ni ha tenido como modelo, ni mucho menos como patrón de cuentas, son amplias y exageradas limitaciones a la libertad publica de la sociedad colombiana.

 

 

La intercomunicación personal entre los ciudadanos de la nación es un factor necesario y que debe estar presente en los ineditos caminos de la gran empresa de la nueva libertad nacional. Por supuesto que no estoy asegurando con estas apreciaciones, que cuestiono el valor definitivo de la libertad publica, como principio supremo, sin el cual no es concebible la existencia de una sociedad democrática y respetuosa de los derechos individuales, que por años ha imperado en nuestro país.

 

De lo que si estoy convencido es que ya no es como ayer nuestra libertad, hoy existen innumerables condicionamientos para lograr una amplia libertad publica o individual. No se trata, obviamente de responsabilizar de esto a las indistintas fuerzas irregulares mas importantes que actúan en nuestro país; se trata por lo que pienso, de establecer en los escenarios de la democracia, nuevos compromisos comunes, apoyando candidatos presidenciales que nos garanticen el final de la guerra en 365 días.

 

Cuando nuestra sociedad se proponga, hacerse una autocrítica, honesta, sincera, con el objeto de evaluar nuestro propio trabajo en la construcción de la democracia, a fin de establecer si en algún momento hemos incurrido, directa o indirectamente, en alguno de los actuales vicios que han estado deformando  y desnaturalizan el Estado Colombiano, por falta de democracia, de seguro que gran parte de la culpa y de las responsabilidades recaen en las formas y maneras como los ciudadanos de este gran país, se hacen los de la vista gorda en estos asuntos, de tanta importancia.

 

Nuestra libertad, hoy no goza del respeto de los principios constitucionales, ni se cumplen los fundamentos y articulados de los derechos humanos, ni se verifica el respeto que merece la dignidad de todo ser humano, el incumplimiento de nuestros principios sociales, la incitante frivolidad rampante a pesar de las gravísimas repercusiones sociales, la violación de las intimidades humanas en la sociedad, la indiscriminada exacerbación de naturales ánimos, enfrentamientos, continuas provocaciones, tumultos y odios, que producen la disolución social, generando violencia y desgracias, son las causas potencialmente lesivas para nuestra seguridad y nuestra libertad.

 

Nuestra Colombia será mucho mejor en la medida en que todos los ciudadanos y todos los sectores sociales, nos miremos a nosotros mismos, para descubrir de cuanta responsabilidad grande o pequeña debemos hacernos cargo desde ya.

 

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SANTA MARTA, 9 DE FEBRERO DEL AÑO 2002.