LA VIOLENCIA, GRAVE  ERROR  DE LAS FUERZAS PRODUCTIVAS DE LA SOCIEDAD

POR:  RAMON PALACIO BETTER

Las fuerzas productivas y las relaciones sociales de producción, constituyen la base de la estructura económica sobre la cual descansa toda forma de ser y también de pensar de una sociedad. Para vivir el hombre requiere la satisfacción de sus necesidades básicas y para satisfacerlas, necesita unos instrumentos de producción, los cuales, al ser utilizados mediante el trabajo digno, se constituyen indudablemente, en el conjunto de las fuerzas productivas de nuestra sociedad. De tal manera que solo así mantiene el hombre su contacto con los medios de producción y no actúa solo, ni en forma aislada en este proceso productivo, lo hace en compañía de otros hombres de nuestra sociedad.

De tal manera que las necesidades materiales requeridas para cada individuo, lo son de igual manera para la sociedad. Aquí siempre se convierten en relaciones de producción y de consumo, clave fundamental u origen de la lucha de clases sociales del siglo XX. El combustible de la constante reyerta debe buscarse en la propiedad privada; que al final es la que constituye el principal germen de toda violencia social. A cada época en la historia, corresponde una estructura y esta condiciona a su propia superestructura. La esclavitud, el feudalismo, el capitalismo o el socialismo, constituyen así, distintas estructuras que representan cada una, diferentes grados de evolución social.

Estas estructuras sociales se caracterizan porque cada una de ellas tiene su propia y determinada manera de pensar y también de actuar. La moral, la jurisprudencia, la religión y la filosofía nos muestran claramente los principales aspectos y de la superestructura, que manifiesta peculiares formas de producción de una sociedad. El terror es el instrumento político más efectivo. La violencia, cual ninguna otra pasión, identifica al hombre con el bruto. La irracionalidad, es característica de las bestias, puesto que la razón nos distingue como seres humanos. La razón y la violencia deben considerarse antitéticas.

Como sujeto racional, la cualidad inherente del hombre es la inteligencia, manifestada como alma, entendimiento, ingenio, reflexión. Su inteligencia lo eleva a la filosofía, a la ciencia, a la cultura. Todos sabemos que la humanidad ha avanzado enormemente en las áreas técnicas y muy poco en su propio conocimiento. El sonido de los disparos de la guerra, de las metrallas, de los tanques, bombas, granadas, las expresiones y comunicados de agresiones, dramáticamente aun persisten en estas nuevas eras de importantes cambios tecnológicos. Es muy evidente que no encuadramos en ninguna parte, con estos actos de violencia, así se deriven de incontenibles pasiones particulares.

La venganza, el odio, la ambición, la ira, todos exacerbados, están produciendo innegables actos de violencia con múltiples hechos de dolor y sangre. Es una violencia de carácter social exclusivamente. El tema de la violencia siempre es abordado por el hombre a través de los más diversos ángulos, a partir de que este inicia su largo proceso de discernimiento, desde el pasaje bíblico del fratricidio, hasta la teoría del foco guerrillero, la violencia acompaña siempre nuestra historia universal, como la sombra siempre acompaña al cuerpo.

Hoy aun en el siglo XX, la violencia es estudiada con métodos que logran interpretarla y ceñirla al final del cuento, a postulados de carácter teórico, exclusivamente. Podríamos añadir además, que en el siglo XIX, la violencia social permaneció inexplicada científicamente, pero a partir de que los autores del socialismo científico explicaron sus causas, se centro el concepto de la violencia, al plantear y sostener que la historia de la humanidad, hasta nuestros días, es la historia de la lucha de clases sociales. ¿ Y cual es el origen de esa lucha de clases sociales?  La propiedad privada, realmente constituye el principal germen de toda violencia social.

La dura realidad existente en Colombia, ha abierto los ojos de millones de Colombianos, ante las continuas mentiras y engaños de los verdaderos impostores de la sociedad y quienes solo ellos han impuesto las condiciones de fuerza, que han catapultado la violencia en nuestras regiones y pueblos. No podemos hablar de reposo ni de paz, hasta que desaparezcan de nuestras sociedades las enormes desigualdades reinantes. Los corruptos y los innumerables bandidos y tramposos que habitan nuestra Nación, son los únicos responsables de la formación de una nueva civilización que siempre acompaña a nuestra historia; la violencia.

Han oprimido a los Colombianos en todos los sentidos y direcciones, se han apoderado de los mayores capitales privados existentes y solo ellos han mantenido al obrero colombiano más bajo y al campesino Colombiano más miserable a estar económicamente, en un 90 % mas bajo que su estatus social. Y una gran mayoría de Colombianos capaces, ciudadanos comunes y corrientes, bachilleres, profesionales, especialistas, trabajadores de distintos ordenes, en las principales ciudades no han podido ampliar su espacio vital, aun a pesar de sus valeroso intentos, porque no están disponibles para ellos dichos espacios, están diseñados y destinados para otros privilegiados exclusivamente.

Pareciera ser que no vale la pena preocuparse por el destino de los Colombianos, mas alterados y afectados por las distintas formas de violencia o por el acoso que ellas presentan, a todas esas gentes. En tantos años de república democrática, lamentablemente no hemos logrado lo que queríamos. No debemos permitir mas, que se construya nuestro futuro sobre la base de unas tesis, con ideas artificiales, que solo promueven y aumentan abismalmente las desigualdades sociales y económicas que nos mantienen en esclavitud y sometimiento de manera continua y que sacude también con exagerada violencia la estabilidad y tranquilidad de nuestros hogares y de nuestras familias.

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SANTA MARTA, 10 DE OCTUBRE DEL AÑO 2000.