LA TORMENTA DEL HAMBRE  

Por: Ramón Palacio Better

La impertinente pobreza y la cruel desnutrición anda por todas partes con graves consecuencias y sin responsable alguno. El hambre nunca había llegado a tantos extremos en nuestros pueblos, y apareció sin darnos cuenta, muy a pesar de que el hambre siempre ha estado instalado en la mayoría de los espacios de nuestras sociedades, aun cuando muy disimulado en algunos casos, en una gran mayoría en los últimos años se expresa de maneras muy peculiares y públicamente irresistibles.

Pero lo que mas asombra de estas situaciones, no es tanto la persistencia de este hecho, sino su brutal aumento y crecimiento en medio de una desastrosa economía declinante y como consecuencia, quizás, de la ineptitud demostrada por el Estado para combatirla y contrarrestarla. El hambre en los tiempos de hoy, es diferente al hambre de los tiempos de ayer.

Sin embargo, existen diferentes conceptos y opiniones al respecto, pero de lo que sí es muy claro, es que el hambre ha cambiado hasta de lugar, no esta en un solo sitio. En nuestro país se desplaza fácilmente de un lugar a otro, como Pedro por su casa y en grandes proporciones especialmente de los sectores rurales, es un gran ejercito de los hundidos, que se dirigen hacia los bordes marginales de las áreas urbanas en donde todos los días llega y habita las tormentas del hambre.

Si la Villa de Santa Marta fue un especial y distinguido recinto urbano colonial, a donde llegaron los más importantes expedicionarios de ese entonces que formaron a Colombia y se forjaron un primigenio y gran pasado que nos ha identificado por años en el mundo, como la base de las principales expediciones y conquistas que fundaron a las más importantes ciudades del interior del pais, hoy se pone en tela de juicio, en cuanto a lo que a la ineptitud del Estado, frente a expedicionarios marginales del siglo XXI, que desarrollan por sus acciones las tormentas del hambre existente.

¿Hasta cuándo el gobierno nacional puede darse el lujo de permitir que el hambre y la indigencia existente en gran parte de la sociedad colombiana, deambule irresponsablemente por las distintas regiones y provincias del territorio nacional? ¿Hasta cuando tendrá que esperar la sociedad colombiana los suficientes recursos para enfrentar y combatir el hambre y la miseria? Sabemos que esta pregunta no tiene respuesta fácil, pues juegan en ellas las serias deficiencia del Estado y la frágil dependencia de la burocracia nacional y las flacas acciones de los partidos de gobierno.

De todos modos, estas cuestiones revelan la endeble y decrépita e insignificante legalidad de nuestra democracia y que al final del cuento, es con lo único que contamos para hacerle frente a tan poderosa y enfurecida tormenta del hambre. De la respuesta a estos interrogantes depende evidentemente la supervivencia de nuestra República.

Muchos afirman que la legalidad de las gestiones sociales del gobierno, son una visible y delicada máscara o careta ante la democracia, porque logra encubrir sutilmente en la mayoría de sus actos, las enormes desigualdades existentes que vive y padece la sociedad colombiana, entonces ¿de qué vale conservarla?

Si no tiene fortaleza, ni consistencia ante la democracia y la mitad de la población es pobre y un tercio se hunde entre el hambre y la indigencia. ¿No se parece esta situación a los históricos demagogos populistas y astutos administradores políticos de la marginalidad de otras épocas? Lo cierto, es que estas desigualdades no pueden alargarse un minuto mas, porque la historia también muestra varios testimonios, en donde las democracias como la nuestra han sucumbido por la absurda e injusta ceguera social de los dirigentes.

En un corto plazo, las desesperadas imágenes de esta gran parte de la sociedad colombiana azotados por las tormentas del hambre y la miseria, que justamente reclaman de sus dirigentes y del gobierno el esfuerzo moral y económico que satisfaga cuanto antes sus necesidades mínimas, siquiera o por lo menos como una condición elemental de lo humano, de no ser atendidos, como debe ser, serán las amenazas mas grandes de la historia de Colombia.

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SANTA MARTA, 1 DE DICIEMBRE DEL AÑO 2002.