LA PULCRITUD ADMINISTRATIVA VIRTUD INDISPENSABLE DE EL GOBERNANTE

POR : RAMON PALACIO BETTER  

Vamos a ocuparnos en este articulo de una manera especial de Simón Bolívar como guía y modelo de gobernante de los pueblos por el libertados, y, en forma especialisima a un aspecto de la mayor actualidad: la probidad del gobernante. Quienes estudian a fondo la vida, el pensamiento y la obra del Libertador se encuentran, a menudo, ante un dilema: ¿Es más grande Bolívar como militar, o como Estadista o como forjador de una doctrina política para las Naciones especialmente creadas por él?. Claro que los más numerosos y más densos tratados sobre Bolívar se refieren a su aun no igualada acción militar y que concluye una vez terminada la tarea libertadora. Sin lugar a dudas, sus campañas han quedado para siempre como modelos de las acciones militares y lo serán en todo tiempo y lugar.

 

Pero como Estadista, Bolívar, a través de sus doctrinas, sigue teniendo vigencia; y no solo la sigue teniendo, sino, que cada día cobra mayor actualidad. Hoy en día para los diferentes pueblos americanos, el pensamiento  Bolivariano es una guía muy segura para todo gobernante. Es mas: solamente ese pensamiento puede ser luz a tantas inquietudes, a tantos problemas, a tan complejas situaciones que parece que el Libertador hubiera oteado a través de los tiempos, como en una maravillosa visión profética. El conocimiento de sus gentes, la profunda intuición sicologica y sociológica con que Bolívar penetraba hasta lo más hondo de las personas, hicieron posible que raramente se equivocara en sus apreciaciones sobre la manera como el gobernante debía dirigir su conducta.

 

Bolívar no se contenta con escribir enormes cantidades de literatura, tratado tras tratado, volumen tras volumen. Su pensamiento y su doctrina iban siendo rubricados, paso a paso, por la acción. No predico para los demás. Mas bien sé podría afirmar que de sus propios actos fue extrayendo su propia doctrina. Tanto vale para los pueblos americanos la doctrina de Bolívar, como su conducta. Una y otra son guía y enseñanza perdurable. Primero enseño con sus actos y luego con su palabra. Los caminos que trazo a sus conciudadanos fueron hollados con sus propias manos.

 

Fue así como el Libertador con su conducta y con sus palabras, destaco una de las virtudes indispensables en el gobernante, La Pulcritud. Nunca permitió que por acción o por omisión, por indiferencia, complacencia o mala fe se cometiera él más leve ilícito contra el erario publico. Una y otra vez, aquí y allá, el Libertador recalco a los responsables de la administración esa verdad que a veces se olvida y respecto a los fondos públicos, que son y siempre han sido dineros del pueblo y de los cuales no se pueden disponer a las ligeras. En cartas, en disposiciones, en documentos oficiales y privados, y sobre todo con su ejemplo de desinterés, probidad y pulcritud, Bolívar sentó doctrina y muy a fondo sobre estas materias. La tremenda severidad con que él trataba a dos clases de gentes que le producían infinito disgusto y física repugnancia; el cobarde y el indelicado con los dineros oficiales.

 

No uno sino mil ejemplos podrían aducirse para corroborar el concepto y la conducta de Bolívar en materia de probidad y pulcritud administrativa. El Libertador era implacable contra los funcionarios que se enriquecían con los dineros del Estado. Sobre la materia, sus ordenes eran drásticas y terminantes. Bolívar era un hombre diáfano, no dejaba nada por dentro que le incomodara, detestaba con todas las fuerzas de su alma cualquier genero de mentira, de falsedad, de engaño y de doblez. Perseguía en las Repúblicas recién fundadas el peculado como a la peor peste del Estado.

 

“ Todavía hay mucho robo y este robo se debe denunciar al Congreso y al publico y perseguir mas que a los godos”.

 

Al general Santander Vicepresidente de Colombia, escribía Bolívar desde la imperial Villa de Potosí, poco después:

 

“ En los papeles públicos se debe despedazar a los ladrones del Estado y tomar otras medidas que puedan adoptarse”.

 

Simón Bolívar, mejor que nadie había dado él mas alto ejemplo de probidad en todos sus actos oficiales y privados. Había demostrado su diamantina conducta en el empleo de la totalidad de los dineros del Estado en servicio de la Nación. Solo así en medio de la increíble miseria causada por la guerra, equipar y mantener ejércitos y llevarlos hasta el Potosí. Desde luego en momentos trágicos tomaba medidas de extrema severidad. Así, el 11 de septiembre de 1813 en Puerto Cabello (Venezuela), dicta un decreto cuyo primer articulo dice:

 

“Todo aquel que fuere convencido de haber defraudado los caudales de la renta Nacional de tabaco, o vendiéndolos clandestinamente fuera del estanco, o dilapidándolos con el robo o manejos ilícitos, será pasado por las armas, y embargados sus bienes para deducir los gastos y perjuicios que originen”.

 

Esta severidad no era otra cosa que el resultado de la extrema delicadeza con que él cuidaba y hacia cuidar los dineros oficiales, actuaba sin debilidades ni contemplaciones. En el Perú cuando las autoridades y las tropas aliadas del Sur, se pasaron a los españoles y lo dejaron solo con los colombianos y unos cuantos peruanos, el Libertador dispuso lo siguiente:

 

“Todo empleado de Aduana, Resguardo, Capitanía de Puerto o cualquier otro destino de Hacienda Publica, que tomare parte en los fraudes que se cometan contra ella, bien sea interviniendo como principal, bien sea sabiendo el fraude y no delatándolo, quedara sujeto a la pena capital que se le aplicara irremisiblemente”.

 

El Libertador sabia unir a la tolerancia razonable y a la bondad, una gran energía. Con los defraudadores del Estado siempre fue impecable. Si los gobernantes y los gobernados todos no saben aprender y practicar las luminosas enseñanzas y vividos ejemplos que en materia de probidad y pulcritud administrativa nos lego el Libertador, iremos al caos y a la desintegración de nuestros valores morales. Pase lo que pase, mientras en el horizonte de nuestra patria brille como un astro de primera magnitud, el espíritu del Simón Bolívar, seguirá palpitando viva y promisoria una esperanza de verdadera redención para nuestras resquebrajadas regiones de Colombia.

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SANTA MARTA, 9 DE NOVIEMBRE DE 1999.