LA POLITICA DEL CINISMO SOCIAL

POR: RAMON PALACIO BETTER

Ninguno de estos años nos ha traído paz, ni tranquilidad, ni justicia, ni un proceso adecuado y justo para disminuir aun cuando sea parcialmente, las desigualdades sociales existentes.  De lo que sí estamos convencidos es que estos años han traído consigo unas extensas crisis económicas en las instituciones tanto del sector oficial como de los particulares, que no hemos podido sobrepasar muy a pesar de los múltiples intentos y esfuerzos. 

La sociedad civil, en las décadas de los 70/80/90 se volcó hacia nuevos horizontes y abordó todas las formas para conseguir empleos. El tráfico de las drogas le ofreció a muchos, enormes posibilidades económicas para sobresalir de las infatigables crisis mezquinas; que por lo visto hasta ahora en nuestro país, gústele o no a muchos, generaron suficientes empleos y trabajos a miles de demócratas Colombianos afanados por sobrevivir y poder actuar, por lo menos en condiciones de vida aceptables en los corredores sociales de nuestras golpeadas ciudades. 

Los años 90 nos trajeron una sociedad ansiosa por distribuir mejor el poder, promoviendo la Asamblea Nacional Constituyente, y elaborar la Constitución del 91.  Pareciera ser, por lo que observamos hoy, que las mayores desigualdades sociales y económicas empezaron desde allí hasta llegar a imaginar la negociación de las instituciones del Estado; para aparentemente salir de la imperante crisis como consecuencia de los continuos colapsos económicos que hemos padecido,  que nunca han sentido las clases sociales favorecidas y sí con gran tragedia padecen y sienten violentamente la mayoría de los demócratas Colombianos.  

Estas crisis que hemos heredado y estamos viviendo en todos los niveles, han construido también una enorme y creciente política de cinismo social, con expresiones muy fuertes y contundentes en las prácticas de motivación social; porque es un rasgo de mayor  amplitud que su mero reflejo en la política.  

El cinismo social también salpica  a la actividad empresarial y laboral o sindical, como también pervierte el ejercicio de las diversas profesiones, banaliza expresiones mediaticas y culturales, permea la educación, transforma el éxito superficial en un icono excluyente de otros valores casi irreconocibles y a la par, alimenta un difundido malestar que comparten, aunque con grados y consecuencias diferentes, los premiados y castigados por un modelo social que ha venido dilapidando día a día su precaria cohesión interna, producto de las extremas desigualdades existentes en nuestro País.  

No hemos inventado nada, desde hace varias décadas atrás, solo estamos aplicando de manera constante la política del cambalache, de las relaciones con el manda mas y de la algarabía, en llave intelectual con "El segundo piso invisible de una falsa pasión que tenemos por Colombia". Siempre se opera por sistemas de favores y tráfico de influencias, contratos refugiados, negocios compartidos, ilícitos o no, sin importarles preocupación alguna, se hacen los de la vista gorda. Su dibujo, en fin, es el de una nueva sociedad de necesitados con interés propio, personal, y anónimos para el resto de la sociedad. 

Por ello creo que se crearon dos rasgos que aportan a estas novedades: Se evaporó una movilidad social que inducía a la motivación y a la esperanza; además, se expande una enorme trama social y de poder que disimula mal su desprecio por una autentica participación democrática, es evidente  su tendencia a reemplazarla por formas y diversas maneras de manipulación. La trama se teje con hilos sueltos del modelo de país fuertemente organizado y corporativo que fue desde hace varias décadas atrás y con hilachas de los bordes desflecados que integran los partidos políticos tradicionales. 

Cada cual y cada grupo, se benefician con la pertenencia; se promueve en su carrera política, se afianza en su espacio o sindicato, para facilitar sus negocios. Es una logia sin estatuto público. Su moral es moral corporativa, no moral de ciudadanía. Siempre de cuando en cuando, se asoma un escándalo; la punta del Iceberg: se agita, pasa y luego se olvida. En Colombia hemos tenido reiterados paradigmas de moral corporativa, aún cuando han logrado distraer la mirada de miles de observadores demócratas; la verdad es que nadie esta inmunizado.

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SANTA MARTA 17 DE JULIO DEL AÑO 2000.