LA EXCELENCIA UN BUEN CAMINO

POR : RAMON PALACIO BETTER

Entre los mediocres, los ignorantes, también los resentidos y desde luego los amargados, se pregonan con mucho énfasis que los caminos que conducen a la excelencia son una técnica, que únicamente pertenece a las clases “dominantes”, para poder mantener el control de los “dominados”. Sin embargo observamos en  las mayorías de la humanidad, como los pueblos logran y pueden desarrollarse cuando mantienen la constancia, la fe, los principios morales, educativos como éticos y una especial y apasionada búsqueda por la excelencia, en todos sus asuntos. Todas las personas mantienen unas energías naturales que cada uno o cada cual proporciona en la medida de sus esfuerzos y constancias en busca del bien en todos los sentidos y con óptimos resultados, como decir la verdad, siempre la verdad y también saber identificar la belleza sobre todos los males.

 

Todos de alguna manera buscamos encontrar la excelencia en nuestros asuntos, en todas las formas y maneras; El arquitecto persigue el mejor diseño, la mejor obra o construcción, él medico, él diagnostico mas acertado, la mejor intervención quirúrgica, El economista, las mejores tesis de economía y desarrollo, El pintor  o artista con sus pinceles, el violinista con su violín o instrumento musical para el músico, El escritor con sus obras y escritos con su pluma, El científico con sus investigaciones, El técnico con sus instrumentos o aparatos, EL entrenador de fútbol con sus jugadores y hasta el maestro con sus clases y conocimiento. Quien busca la excelencia en sus respectivas labores y tareas, siempre entrega lo mejor de sí mismo. Es verdaderamente inútil pretender entender estos voluntariosos y decididos esfuerzos, como propios de una clase dominante que dispone de capital para lograrlo o que proceda por ser de origen noble. Si no tiene esa mínima cualidad intima y protagonica para que pueda desarrollar lo que quiere hacer cada uno o cada cual, de nada servirán los impulsos de los que aun tienden a creer dominar a las sociedades modernas y del siglo XXI.

 

De nada  le sirve a un cirujano poseer un amplísimo activo sin pasivo, si no sabe manejar un bisturí. De nada le vale a un futbolista que no conoce bien las maniobras que debe hacer con el balón, disponer de una holgada y considerada cuenta bancaria o ser hijo de un gran político del país o hijo de uno de los que se hacen llamar nobles porque sus padres en el pasado fueron descendientes de nobles condes y marqueses. Poco nos ha servido decir que somos de uno u otro partido político del país si al final de cuentas, no tienen ni la más mínima idea, de cómo cambiar tantas desigualdades sociales que hoy, aun imperan en nuestros territorios. Quien busca la excelencia, también es muy cierto que necesita conocer muy bien y a fondo sus propios limites. Porque, estoy completamente seguro que si los sobrepasa, tendrá una catástrofe. Un magnifico pianista puede ser un pésimo director de orquesta o también un buen político puede ser un pésimo gobernante. Un buen profesor a lo mejor es un mal rector de dicho plantel. Por el hecho de ser medico y buen medico a lo mejor es un mal director del Hospital. En este tipo de protagonismo uno no puede sobrepasarse de lo que puede hacer por experiencia y cualidad, por mucho que las aspiraciones, las opulencias y ansias de poder así se lo faciliten.

 

Siempre vemos a magníficos profesionales metidos en las actividades políticas y no son  ni han sido buenos políticos, a pesar de los maravillosos esfuerzos y afanes por estar junto al poder de gobierno. El gerente de una empresa puede ser un magnifico ejecutivo, pero a lo mejor es un mal presidente de la junta directiva de dicha institución. La búsqueda de la excelencia debe ser constantemente estimulada; el ejemplo es el mejor impulso o empujón. No es él mas o menos, ni tampoco resulta fácil de lograrlo.

 

Desde luego, la busca de la excelencia esta vedada a quien no trabaja; a los flojos que abundan por nuestras calles y carreras. Que ni siquiera laboran a fondo en expandir su propia personalidad, que siempre se queda en lo mediano, sin hacer ninguna clase de esfuerzos por salir o ir mas adelante. Evidentemente, que la búsqueda de estos caminos para encontrar la excelencia, debe ser enseñada en las escuelas, en nuestros hogares, en nuestros medios de comunicación hablada y escrita, convencional o cibernética. No debemos admitir, conformarnos con la mediocridad,  ni con la pereza o flojera, ni  tampoco con la negligencia y mucho menos con el descuido, generalmente, siempre hemos sido muy descuidados en todos los sentidos.

 

Hace un año aproximadamente adquirí en unas de las pocas y escasas librerías de nuestra ciudad, un muy practico libro de arquitectura, editado por una de las importantes editoriales de América Hispana, y en su interior existe un pequeño papel que dice: “ Si observa algún defecto en este libro, tenga la bondad de devolverlo”. Regrese a la Librería a preguntarle a su propietario. ¿Han devuelto alguno?. La respuesta terminante fue ¡Ninguno! De inmediato entendí que el editor del libro, había logrado la excelencia. Es sin duda alguna, el saber hacer las cosas bien. Hacer bien las cosas que se hacen. Es la inmensa satisfacción que se logra cuando se han hecho las cosas como se deben hacer. Estoy plenamente convencido de quien busca la excelencia, entrega lo mejor de sí mismo, de su familia, de sus amigos, de la sociedad, de la comunidad en general, de su pueblo y también de su patria. Cuando reflexionamos sobre el cómo adquirir la excelencia podemos percatarnos del grado de mediocridad y conformismo en que nos encontramos. El contraste de  realidades con la que nos acosan las distintas adversidades, es por la falta de excelencia en los asuntos internos de nuestro país, aun predomina en los esquemas sociales, los apaciguadores discursos demagogos y veinte julieros muy compatible con la mediocridad imperante de los hechos que ocurren, en el país.

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SANTA MARTA,  29 DE MAYO DEL AÑO 2000.