LA CULTURA
 
UNA CIRCUNSTANCIA COMPLEJA

POR : RAMON PALACIO BETTER

Quienes nos preocupamos por seguir el hilo o la trayectoria histórica de la vida cultural y social colombiana, recordando las viejas glorias de nuestro pasado y construyendo las nuevas perspectivas, en un presente  muy curioso de innumerables hechos inesperados, insólitos, como peligrosos que responden quizás a confusas depreciaciones de nuestro comportamiento personal y moral, estoy seguro que cada día nos preocupamos más. La mayoría de las personas de mi edad han advertido siempre que la cultura no debe verse como un pedestal, sino como una circunstancia que vive entre nosotros.

Desde luego estos serios criterios en un país como el que habitamos actualmente, andan extraviados, perdidos y producen demasiada fiebre y también demasiados dolores en nuestras almas, como bien que hoy nos dominan unas circunstancias extremadamente fatales. La desesperación es una actitud que esta continuamente asomándose todos los días en nuestras vidas de manera incesante.

Nuestras fuerzas personales están concentradas, acobardadas, reprimidas y sin poder protestar ni atacar. No tenemos ni gozamos de un pensamiento nacional; importante estilo que de haber contado con él, hubiéramos superado las crisis y problemas que desde hace muchos días o años estamos padeciendo. Un nuevo pensamiento, un nuevo estilo de pensar debe nacer en Colombia, para que nos ayude a prosperar en serio.

Las nuevas generaciones deben reaccionar a estos continuos bloqueos que  han refugiado siempre el vacío y el silencio de las gentes de nuestra patria. Hoy solo observamos irresistibles situaciones que nos mantienen en el hoyo de la insatisfacción, en donde nos sacrifican continuamente lo mejor de nuestras vidas. A pesar de todo los ritos y de los garrotazos a la cultura colombiana y especialmente caribe, cada día han venido cobrando mas vida, porque aquí siempre ha existido una especie de resurrección propia de las gentes de nuestros pueblos.

En los últimos cincuenta años las incontables convulsiones sociales  han empujado nuestros esfuerzos, demasiado lejos de nuestro verdadero plano. La fidelidad que le aplicamos a las condiciones sociales, no nos ha permitido reaccionar contra la existente barbarie. La cultura no puede verse ni utilizarse como jerarquía, ni como pedestal, ni como un verdadero monstruo por encima de los innegables afanes de los pueblos hoy abatidos.

Los hombres cultos y también quienes tengan condiciones creadoras, no pueden olvidar nunca, que la cultura es una circunstancia y no una jerarquía. La costumbre siempre nos ha impulsado a ver los sistemas de valores en escala vertical, de abajo hacia arriba. De manera que los mas altos están mucho más alejados de la tierra, del suelo, de las realidades, por supuesto siendo esto un grave error.

Tampoco pueden ser nuestros sistemas de valores, una escala de jerarquías. Todo lo contrario, debe ser una eficiente trama de circunstancias. Por ejemplo, el ciudadano que se quema las manos por intentar salvar un libro de entre las llamas. ¿No es un valor cultural inmenso e incalculable?. Igualmente la actual campaña contra el analfabetismo que han emprendido conjuntamente el gobierno departamental y la universidad del Magdalena en los distintos municipios de nuestras regiones, ¿No es también de un inmenso e incalculable valor?.

¿No están estas circunstancias al mismo nivel para los que tienen la idea jerárquica de la cultura, que las colecciones de libros que existen en los archivos de la academia de la lengua española?.

La cultura es una circunstancia compleja en la que están o deben estar complicados todos los magdalenenses. Y en los tiempos que vivimos, debemos actuar también como soldados, y no como sacerdotes de un rito extraño y oculto. Todos debemos velar por la cultura antes de comenzar la guerra. Debemos olvidarnos de las tendencias de la cultura-jerarquia.

De esta manera quizás podamos despejar y limpiar los caminos y senderos, entre el analfabeto, el ciudadano héroe de la cultura, el incansable maestro, y también los incontables poetas con los que contamos en nuestra Costa Caribe.

También debemos incluir en estas rutas de cambio hacia el futuro, los servicios de enseñanza que realiza el Estado. De estas circunstancias saldrá cada día más robusto y fortalecido el borrador de nuestro pensamiento del mañana, producto o construido quizás, de las olvidadas viejas historias y de los nuevos y activados sueños a los que estamos sometidos hoy.

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SANTA MARTA, 3 DE SEPTIEMBRE DEL AÑO 2000.