EL BIEN, TANGIBLE PATRIMONIO MUY DESBASTADO

POR: RAMON PALACIO BETTER

Colombia puede ser la víctima de un preocupante sentimiento desenfrenado, sino reflexionamos y buscamos las formas para poder desactivar las causas de la violencia existente. De no haber los cambios estratégicos para la plena conveniencia personal y social de los ciudadanos de Colombia, en un tiempo muy breve, podremos aun más, ser mártir del desenfreno y de una irremediable e injusta e intensa guerra por demás cruel y además muy desigual.

Algunos analistas de estos temas señalan y opinan que se debe proponer el perdón, la clemencia y la generosidad como una posibilidad para vencer y derrotar de una vez por todas los sentimientos de rencor y perversidad, que poseen un buen porcentaje muy alto de individuos de nuestro país. En donde la pobreza, la marginalizacion, la exclusión, el desempleo, la falta de oportunidades y carencia de soluciones a las extremas desigualdades económicas, sociales existentes entre unos y otros, definitivamente han activado con mas energías la violencia y el odio en las consciencias de los mas atropellados y arrollados por estas circunstancias.

Estas redes u organizaciones interminables de odio existentes, provienen o se derivan sin lugar a dudas de enfoques caracterizados mucho más como consecuencias de situaciones sociológicas que vive la población, mas que de las circunstancias psicológicas. El ciudadano colombiano de hoy, trasluce o edifica su silueta y su concepción de hombre, producto de las ineficaces acciones y de los pocos recursos con los que cuenta en su entorno para poder sobrevivir y competir adecuadamente en la sociedad donde hacemos parte, cada uno.

En Colombia desde hace muchas décadas siempre han estado en el tapete, los múltiples temas del bien y también los incontables temas del mal. Por ello, no es nada anormal, hablar claramente o escuetamente al interior de la sociedad colombiana de los hombres buenos y también de los malos, que se identifican en la sociedad; también de las empresas establecidas para la corrupción e igualmente las que podemos catalogar como escrupulosas, esmeradas o pulcras, de ciudadanos honestos y de los innumerables corrompidos, de los muchos policías buenos y de los guerrilleros malos, de Servidores o Trabajadores del Estado y de los empresarios narcotraficantes, de los buenos sacerdotes y de la prostitucion, de hombres justos y de los ladrones, de pacificadores y también de los anónimos terroristas; nunca caemos en simplificaciones, ni alteraciones cuando normalmente nos referimos en estos términos en cualquier escenario de nuestros territorios colombianos.

Pero si estamos ansiosos de conocer y entender los motivos que han convocado en estos tiempos de nuestra patria estas incertidumbres y malestares anquilosados en el alma de nuestra Nación. En nuestra querida tierra podemos esquematizar crudamentente, como lo hacían en la herejía del maniqueísmo, de un lado estaban los buenos y enfrente, o del otro lado estaban los malos. No es fácil esconder o disimular ante los pueblos del mundo estas tendencias a las que hemos estado inmersos desde varias décadas atrás.

Desde luego, no es una buena forma de ver a nuestra República, analizando o simplificando a diario, como si toda la culpa esta de un solo lado y toda la generosidad del otro; Y no es así, ¿Cómo podemos los colombianos explicar de donde viene tanto mal? Es incuestionable que el hombre de cualquier parte de donde sea o provenga, esta compuesto principalmente por el bien y el mal. También sabemos que ambos elementos luchan dentro de el, para poder manifestarse y las circunstancias del medio donde habita lo aproximan o acercan a uno de estos dos valorados componentes.

Por esto es de admirar con atención e interés, como el hombre colombiano a pesar de estar rodeado de continuas tendencias al mal, entre las cuales el odio juega un papel muy esencial y axial, el ciudadano de nuestras ciudades y campos haya podido desarrollarse culturalmente, solidariamentente, artísticamente, piadosamente y amorosamente, hasta ahora. El mal que habita en nuestras regiones y pueblos es provocador, sin el cual no se habría desarrollado prodigiosamente el bien, tangible patrimonio porcentualmente muy desbastado.