EDITORIAL 4 DE DICIEMBRE
EL GOBIERNO DE URIBE SOLO DISCUTE LO SUSTANCIAL

Las capacidades políticas de los principales dirigentes de los partidos tradicionales, como igualmente de quienes representan los distintos sectores que toman asiento en el parlamento colombiano, por lo que observamos están atravesando por una serie de dudas e inexactitudes entre si, diferencias que deben suspender de inmediato, pues el país no esta para discursos de trescientos pisos. Especialmente en cuestiones que son básicas y sustanciales para el sistema democrático, sometido en los últimos años a insólitos riesgos, de abismos profundos y muy peligrosos que no han permitido el desenvolvimiento más armonioso y continuado del desarrollo de nuestros pueblos.

Resulta evidente e incomprensible que quienes ejercen responsabilidades de conducción de las fuerzas políticas más importantes del país y que agrupan supuestamente a un amplio sector de la población, sigan anteponiendo sus conveniencias ideológicas personales a los intereses superiores de la Nación y se embarquen en deprimentes y mezquinas rencillas de orden doméstico en lugar de avanzar con generosidad y grandeza hacia la búsqueda de los importantes acuerdos y coincidencias que propone el gobierno de Uribe Velez.

Es muy decepcionante que en su condición de dirigentes partidarios, mantengan actitudes de recíproca intolerancia y se muestren reacios a practicar un diálogo político maduro que permita superar las discrepancias actuales y poder encontrar los puntos de entendimiento necesarios para que el gobierno del presidente Alvaro Uribe Velez, construya su oferta primordial y sustancial. Oferta política que ha plasmado en su programa de gobierno propuesto al pueblo desde su campaña presidencia y que finalmente lo eligió en una sola vuelta, sin discusión alguna.

Es lamentable, como igualmente difícil de creer, que pudieran estar conspirando contra la buena marcha de las negociaciones frente al conflicto armado existente y que se ha convertido sin lugar a dudas en el principal factor de perturbación que a diario intranquiliza a la sociedad democrática colombiana, que arrinconada como siempre, observa como se dilata la formalización de un acuerdo que acabe de una ves por todas con tan indetenible guerra concertada entre, las fuerzas regulares, combatientes guerrilleros, paramilitares y oportunistas narcotraficantes.

Corresponde exigirles a los dirigentes políticos de nuestro país, que dejen de irritar a la ciudadanía y que sustituyan sus desgastantes y continuos enfrentamientos tácticos, como las discusiones entre, "sangre y fuego" y "acuerdo humanitario" por un esfuerzo compartido tendiente a lograr que los colombianos perteneciente a cualquier fuerza partidaria que actúa en democracia, encuentren, en esta hora crucial de la vida nacional, el mejor abanico posible a las soluciones que propone nuestro presidente.

Debemos construir entre todos un gran pacto a la memoria de Simón Bolívar, que permita nuevamente construir las bases sustanciales de una convivencia democrática fundada en unas estrategias de Estado que deben ser mantenidas y respetadas por todos los sectores del gran espectro político que para el parlamento elige la democracia.

¿Cómo podemos los colombianos aspirar a crear un sistema interpartidario de honrosas coincidencias con el presidente de la república, si ni siquiera es posible poner de acuerdo a los parlamentarios, quienes pertenecen a un mismo partido, acerca de los métodos a que deben ajustarse y someterse sus contiendas internas para salvar a la democracia?

Es difícil de creer y también de comprender, como en estos días les resulte imposible a los dirigentes de un partido u otro que actúan en el Congreso de la República, acordar y aprobar las propuestas y proyectos que el presidente Uribe Velez, ha presentado a ese Cuerpo Legislativo mas importante del país. Colombia debe mirarse en el espejo de su mejor tradición histórica si realmente desea desentrañar las claves de su decadencia institucional y política.
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