CUANDO EXISTE LA FE, NO EXISTE LA DUDA

POR: RAMON PALACIO BETTER

Me cuentan que en alguna parte de nuestra hermosa Sierra Nevada de Santa Marta un aficionado alpinista desesperado por conquistar una altísima montaña, en el pico nevado Simón Bolívar, inicio una travesía que preparo durante dos largos años. Nunca le dijo a nadie lo que quería hacer, no invito a ninguno de sus amigos para que lo acompañara.

Quería la gloria solo para el, exclusivamente para el y subió sin compañero alguno. Inicio su viaje muy temprano, empezó a subir, pero en la realidad su ascenso hora tras hora se le fue haciendo tarde, y lo peor, a pesar de tener tanto tiempo preparando dicho recorrido, no subió lo suficientemente preparado para acampar, sin embargo decidió seguir subiendo y subiendo, y cada vez se le hacia mas tarde, muy tarde para regresar, hasta que oscureció.

La noche cayo con gran pesadez en lo mas alto de la montaña, ya no se podía ver absolutamente nada, todo a su alrededor estaba totalmente oscuro, no se podía ver nada, todo estaba oscuro, muy oscuro y negro, cero visibilidad, también la luna y las estrellas esa noche estaban cubiertas por inmensas nubes.

Pues bien, subiendo por el peligroso acantilado a solo unos metros de la cima, se resbalo y se desplomo por el aire, cayéndose a una gran velocidad, muy vertiginosa, en caída libre. El alpinista solo podía observar en su precipitoso descenso, las manchas oscuras en su alrededor y la terrible sensación de vació en caída libre, como si lo succionara la gravedad de la tierra.

Seguía cayendo y cayendo………..en esos terribles momentos, le pasaron por su mente todos los episodios gratos y también los no gratos que realizo en su vida en este planeta. Pensaba con acierto que la muerte estaba muy cerca, sin embargo, de repente sintió el fuertísimo tiron de la larga soga, que lo amarraba a la cintura y que lo sostenía desde lo alto, las estacas estaban clavadas en la roca de la montaña.

En ese momento de quietud y especial silencio colgado de la cuerda en el abismo, suspendido en el aire, no le quedo mas que gritar: “Ayúdame Dios Mío”, de repente, una voz de acento grave y profunda de los cielos le contesto: “¿Qué quieres que haga?”, el alpinista le dice: “Sálvame Dios mío”, le responde la voz “¿Realmente crees que yo te pueda salvar?, contesto el alpinista: “Por supuesto Señor”, entonces la voz nuevamente le dice:”Entonces corta la cuerda que te sostiene”.

De inmediato, hubo un momento de silencio, el hombre dudo y se aferro con más fuerza a la cuerda, no le dio atención, ni obedeció lo que le decía la voz que le hablo. Finalmente cuenta el equipo de rescate, que al otro día encontraron a un alpinista muerto, totalmente congelado y colgado de una cuerda que sostenía su cuerpo y que agarraba fuertemente con sus manos tan solo a 1.00 metro de la tierra firma, del suelo seguro.

Ahora bien, ¿Y tu que tan aferrado estas a tu cuerda?, ¿Te soltarías? No dudes nunca de lo que te dice nuestro Dios, nunca debes decir que el te ha olvidado o abandonado. No pienses nunca jamás que el no se ocupa de ti. Recuerda siempre que el te sostiene de su mano derecha. Nunca dudes de lo que Dios te dice, por que no lo ves, mejor duda de lo que podrás hacer sino crees en el.

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SANTA MARTA, 29 DE ABRIL DEL AÑO 2002.