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LA COPA DE COLOMBIA

From: EL HERALDO-EDITORIAL
Date: 11 Jul 2001
Time: 05:57:19
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Barranquilla,Miercoles 11 de Julio de 2001.

Ha sido largo el viacrucis durante el cual nuestro país deseó, buscó, obtuvo, perdió y reconquistó la sede de la Copa América, que comienza hoy aquí en su cuadragésima versión.

Un prolongado e intenso forcejeo. Mantuvo vivas y encendidas la fe y la esperanza de los colombianos. Por un torneo que viene a colmar, en el momento más urgente, todas sus aspiraciones deportivas.

Estamos en los instantes más gozosos. No sólo de la clase futbolera tradicional sino de todo el atormentado pueblo colombiano. Ahora respira y grita contento. Cualquiera que sea su ubicación y pertenencia dentro de los partidos políticos, los grupos económicos, los estratos sociales y los extremos matices étnicos.

Es un pueblo que se merece esto y mucho más. Sin empleo, sin techo y sin comida sigue llevando en la mirada el fulgor de la esperanza en días mejores. Y en las manos y en la garganta mantiene listos el aplauso y el grito interminables ante el gol. Cualquiera que sea su marcador ocasional.

Rinde culto así a ese pacífico denominador común de la humanidad que es el deporte. Practicado universalmente como el substituto más natural y entusiasta de las guerras. Que despedazan no solamente a nuestro país sino a la mayor parte del planeta.

Por su participación masiva y su alta temperatura de enfrentamientos, el deporte es también como una batalla. Pero con la enorme diferencia a su favor de que se practica sin disparar un solo tiro contra nadie. Ni produce deliberadamente un solo muerto.

Igual cosa cabe decir y desear ahora dentro de nuestras fronteras. La matanza debe suspenderse, aunque sea temporalmente. Para alivio y salvación de los innumerables participantes y espectadores en este gran torneo casi providencial. Respetémoslo. Hagámosle fuerza para que resulte insuperable. No seamos inferiores al momento histórico.

Los deportes no crean el carácter de sus practicantes. Lo revelan. Por eso la mayoría de éstos descubre en ellos la felicidad. Y la cultiva todo el tiempo posible. Como un rito religioso que le permite soportar, superar y hasta gozar las mayores dificultades. Es un alucinógeno. Pero no estropea la salud sino que ensancha y fortalece el espíritu. Del pueblo.

En medio de esta exaltación colectiva hay algo ahora que no deja de ser inexplicable y aberrante. Quienes culpaban al Presidente de Colombia por la no realización aquí del evento, ya ni siquiera reconocen que es a él a quien más ostensiblemente se debe. Palo porque no bogas y palo porque bogas, como expresión suprema del permanente absurdo nacional.

Pero sea como fuere. Venga o no venga Argentina, se luzca o fracase espectacularmente el conjunto anfitrión, y mil contradictorias alternativas más, hay algo cierto e incuestionable. Salta a la vista y nadie puede negarlo sin incurrir en mentira flagrante. Lo estamos viviendo. Aquí y ahora.

Esta Copa le pertenece por derecho democrático propio a Colombia. A su abnegado y sufrido pueblo sin camiseta ni compromisos con nadie. Por el corazón que ha puesto en este largo viacrucis de anhelo, suspenso, angustia, rabia, frustración, gozo y júbilo incomparables.

Viva la Copa en Colombia! Viva la Copa de Colombia!

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La geopolítica del petróleo.

From: CARLOS RODADO NORIEGA*
Date: 14 Feb 2003
Time: 20:23:00
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Detrás de todas la guerras ha habido siempre razones económicas, a pesar de que los actores raras veces confiesan que ellas son las verdaderas causas de la confrontación. Extender el dominio territorial, estratégico y político ha sido un factor predominante en la mayoría de los conflictos bélicos de la humanidad. Frente a la inminente guerra en Irak es claro que el petróleo es la verdadera manzana de la discordia. El 11 de septiembre se convirtió en una fecha simbólica del terrorismo a escala universal. Pero los mensajes y lecciones de ese atentado no fueron sólo de amenaza y agresión física sino que pusieron a pensar al Tío Sam en su seguridad energética y, por ende, en su seguridad nacional. Arabia Saudita ha sido considerado un aliado tradicional de los Estados Unidos. Sin embargo, después del derrumbe de “las torres gemelas” la confianza se ha resquebrajado. Al fin de cuentas, Bin Laden es saudita y su familia, aún cuando ha condenado las acciones terroristas del grupo Al Qaeda, tiene nexos de amistad muy estrechos con la familia real que gobierna la nación árabe. Pero mucho más importante para efectos de la desconfianza, 15 de los 19 secuestradores que llevaron a cabo las demenciales acciones del 11-S tenían nacionalidad saudí. Por supuesto, la prevención es recíproca. Agencias internacionales de noticias y el New York Times han registrado que Abdalá, el heredero de la corona saudí, pedirá al presidente Bush el retiro total de las tropas estadounidenses del reino árabe tan pronto finalice la campaña para desarmar a Irak. Esa solicitud, que se ha planteado como parte de un paquete de “reformas democráticas”, corrobora que las relaciones con un aliado de vieja data están cambiando aceleradamente. Los Estados Unidos consumen el 25% del petróleo del mundo, pero tienen apenas un 3% de sus reservas. Y aun cuando los norteamericanos succionan de su territorio todo el crudo que pueden (en Kentucky hay pozos que producen sólo 2 barriles por día), se ven obligados a importar un 60% de sus requerimientos diarios. Después de Arabia Saudita, Irak posee las reservas probadas más grandes de petróleo en el globo terráqueo: 112 mil millones de barriles, para no hablar de los 250 mil millones adicionales de reservas probables. Debido a las sanciones impuestas por la ONU a raíz de la llamada Guerra del Golfo, la producción de Irak se ha limitado mediante el programa “petróleo por alimentos” a 2.7 millones de barriles diarios, pero Irak podría producir 8 millones de barriles por día durante 50 años. Su importancia es colosal para la estabilidad de los suministros de petróleo a escala global. Pero esa producción y la forma como ella irrigue sus beneficios a diferentes países depende, en grado sumo, de quien controle o ejerza un dominio político preponderante sobre el régimen de Bagdad. El gran objetivo de esta guerra, habida cuenta de las variantes que ha introducido el 11-S, es la sustitución del régimen político de Sadam Husein por un gobierno más estrechamente unido a los intereses norteamericanos. Nadie puede negar que Sadam es un déspota cruel y desalmado. Pero en el año 91 era mucho más peligroso, estaba mejor dotado en su aparato bélico, no estaba tan debilitado económicamente como hoy y, no obstante, el propósito deliberado de entonces no fue derrocarlo. Se adujo que su derrocamiento podría causar una fragmentación de Irak por el problema con los kurdos al norte y con los shiitas al sur. Ese riesgo también existe hoy, pero la diferencia es que la geopolítica del petróleo después del 11-S tiene unas características muy diferentes a aquellas que existían cuando Bush papá debió encarar un desafío similar. *Constituyente del 91. Barranquilla, Viernes 14 de Febrero de 2003.