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JUAN  BERNARDO  ELBERS.

From: Juan Pablo Llinas: M.A.H. de Barranquilla.
Date: 15 Apr 2001
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Juan Bernardo Elbers nace en Muehlheim, ciudad sobre el Río Rhin, el 29 de diciembre de 1776. Viene a las Antillas Menores a principios del siglo XIX. Al abandonar su patria trae una gran fortuna, quinientos mil pesos en moneda columnaria española, suma habida de la venta de sus propiedades. Esa riqueza fue consagrada primero a auxiliar los ejércitos patriotas y después a diversas empresas comerciales.

Las tres ciudades del litoral Caribe, Cartagena, Barranquilla y Santa Marta, se habían unido para combatir al jefe realista Gabriel De Torres, Gobernador de La Heroica. Para vencerlo se abre camino la fórmula sugerida por José Prudencia Padilla. Propone el gran marino establecer una cabeza de puente frente a Sabanilla con clara disposición de introducir, mediante esta vía, elementos de guerra y de realizar aproches a tropas republicanas y así poder sorprender a realistas en su cercano fortín de San Antonio. Tal plan se lleva a cabo el 20 de junio de 1820. El acto militar realizado descubre las ventajas de Barranquilla como ciudadela. Mariano Montilla, jefe supremo de la jornada, comprueb la ventaja de habilitar a Sabanilla. De inmediato dicta la providencia que la apresta como puerto marítimo y fija a Barranquilla renta del 33% ad valorem, por sus servicios de aduana. Allí comienza el régimen portuario de Sabanilla y el empeño de los barranquilleros para lograr, al tiempo, un puerto sobre el río.

La ciudad, mediada la independencia, había tomado en la lite entre el Libertador y los cartageneros el lado de éstos. Pero en 1820 cuando apenas se recobra de la destrucción inflingida, cinco años antes, por Capmani, Bolívar la visita y la ciudadanía le da muestra de ferviente adhesión.

El Libertador conoce, de primera mano, los triunfos de sus tenientes y piensa de igual manera que Barranquilla era lugar apropiado donde generar el derrocamiento del regimen español de la Costa. Su estancia fue breve pero principio suficiente para impulsar el empeño que da al traste, quince meses más tarde, con el predominio ibérico.

El General Bolívar fue objeto, en esa fecha, de un homenaje en casa de su amigo el irlandés Santiago Duncan. Entre los asistentes pudo contarse a Juan Bernardo Elbers. Era proveedor oficial del ejército desde 1817 y conocía las ventajas que la ciudad podía ofrecer como puerto fluvial y marítimo. Asegurada la independencia en nuestro país, Elbers había concebido la idea de establecer comunicación expedita entre las costas del Mar Caribe y los departamentos del interior mediante buques impulsados a vapor para eliminar así el uso de inapropiados bongos y champanes. De esta forma no es de extrañar que tres años más tarde solicite un privilegio exclusivo sobre la navegación a máquina en el Río de la Magdalena. Luego de largas, el Congreso acepta las propuestas del Presidente encargado General Francisco de Paula Santander, y se aprueba la ley respectiva el 2 de julio de dicho año.

Entre las obligaciones contraídas por Elbers para obtener el privilegio, figura la de abrir un camino de tierra desde un punto convenido en el Río Magdalena hasta Bogotá. Al dar cumplimiento a tal cláusula del contrato traza y realiza una trilla de 14 leguas de extensión entre Guaduas y Peñón de Conejo, lugar último donde atracaba todo barco venido de la Costa. Elbers tenía bien claro que era necesario a esta empresa montar aserrío de vapor y astillero, obras de inmediato emprendidas en Barranquilla.

Radicado en el país hacía más de dos lustros, con carta de naturaleza, se dedica de lleno a organizar la empresa. No era tarea fácil. Había que vencer obstáculos como la pobreza subsecuente a la guerra, la falta de organización civil, el falso militarismo, la ausencia de vías de comunicación, las enfermedades tropicales, las plagas y las fieras.

Fue en 1825 cuando de manera definitiva aparece en el río la navegación a vapor. El año anterior llega de los Estados Unidos de América del Norte, para la firma Elbers, el barco Fidelity, el cual después de cruzar Bocas de Ceniza bajo mando del Capitán Leach, ciudadano americano, hubo necesidad de retirarlo del servicio por su mucho calado. Debido a este fracaso traen desde los astilleros de Norfolk la segunda unidad de prueba, el llamado Francisco de Paula Santander. Este barco consumía leña como combustible, su calado no pasaba de pie y medio y podía transportar hasta 240 cargas.

A pesar de la merma que los constructores lograron en su casco original no escapa a varadas frecuentes los meses en los cuales el río disminuía su caudal. Sólo el porfiado espíritu teutón de Elbers pudo insistir ante los difíciles cometidos. Con la experiencia naviera lograda, los astilleros americanos envían el tercero de los buques de nombre El gran Bolívar, al mando del Capitán Olivier Vardebilt, de mucha fama como experto ingeniero constructor.

Elbers, en frecuentes intercambios con el Libertador había percibido su genio. No obstante mostraba preferencias por la persona del Vicepresidente Santander y en ocasiones insiste en regalarle a éste acciones de sus empresas, no siempre rechazadas. El mutuo entendimiento debía traerle serios tropiezos. Nuestro Secretario de Relaciones Exteriores, Estanislao Vergara, enemigo del privilegio, recibe de Bolívar contestación en carta desde Quito, el 6 de febrero de 1829: “Sobre lo que me dice de Elbers, me parece lo mismo que a usted, sería la más absurda estolidez dejar en semejante servidumbre la navegación del Magdalena. Mañana escribiré al señor Castillo y le prevendré para que se ponga en libertad aquel canal”.

Elbers, siempre obstinado solicita al Ministerio se le permita introducir el buque El Libertador de propiedad del norteamericano, señor A. Burroughs, con el propósito de realizar unos experimentos. Juan Manuel Restrepo, secretario del interior y partidario del privilegio, junto con su colega, José María del Castillo, Secretario de Hacienda, ambos opuestos a Vergara, dictan un decreto el 6 de mayo de 1829 por el cual se le concede el citado permiso a Elbers. El Secretario Vergara le escribe a Bolívar: “en cuanto a la concesión que se le ha hecho a Elbers para que pueda entrar en el Magdalena un buque a vapor, reconocido como de propiedad de un norteamericano, me ha disgustado sobremanera. El Señor Castillo anda y atiende cuando se trata de favorecer a sus amigos”.

La insurrección de Páez en Venezuela vino a transformar todas las actividades. Bolívar se había declarado Dictador a partir de la disposición de la Convención de Ocaña y mediante Decreto del 12 de mayo de 1829, dictado en Quito, revoca el privilegio. Poco tiempo después el Capitán de El Libertador aprovecha la precaria situación política y a espaldas de Elbers aparenta vender el barco a Don Joaquín de Mier, quien lo pone al servicio público con excelentes resultados pecuniarios. Al tiempo con esta desleal competencia el Gran Bolívar naufraga en Bocas de Ceniza y El General Santander se vara y sufre grave percance. A pesar de obedecer los fracasos de Elbers a lo fortuito, sus socios, gentes pusilánimes, presas de pánico, exigen sus aportes y el tozudo alemán se ve obligado a complacerlos.

Muerto Simón Bolívar, liquidada la dictadura de Urdaneta y disuelta la Gran Colombia, Elbers recurre a la Alta Corte de Justicia la cual le restituye el privilegio. Al punto procede a sacar del fondo del río la maquinaria del General Santander, repara los astilleros y el aserrío y pide a Francia, maquinaria para barcos y remolques de embarcaciones menores. Pero estos propósitos encuentran la oposición del Presidente José Ignacio de Márquez quien ordena al fiscal de la nación promover un pleito sobre caducidad del privilegio al tomar como fundamento el decreto dictatorial de la revocatoria. La Suprema Corte de Justicia dictamina que no es posible declarar caduca la concesión y el Congreso de 1834 lo restablece una vez más en su privilegio.

La empresa se pone de nuevo en movimiento y el año de 1835 arman el vapor Bogotá reequipado con maquinaria recién importada, y de igual modo al Susana, nombre de su esposa, la santafereña Señora Susana Sáez de Santamaría y Baraya y los lanzan al agua en diciembre de 1836. Estos barcos no prestan debido rendimiento y el Congreso se ve obligado a dictar una nueva ley mediante la cual anula el privilegio si en el lapso de seis meses no hay, cuando menos, dos barcos en servicio regular entre la Costa y Guáimaro.

Ante plazo tan apremiante se pide a los Estados Unidos el armazón de otro barco, pero no llega a tiempo previsto y el privilegio es anulado.

Elbers interpone de inmediato, merecimientos de justicia y el nuevo Congreso de 1841 correspondiente a la Nueva Granada, conviene en indemnizarlo “de los perjuicios que se le siguieron por la revocatoria del privilegio”. El contrarresto final fue fijado en la suma de ciento cincuenta y cuatro mil pesos, pagaderos en diez años.

Durante esas calendas dedica buena parte de su tiempo al cultivo del tabaco en sus haciendas San Bartolomé, en Honda y Santa Rosa de Arenal, en el cantón de Simitá. La exportación a Londres de la valiosa hoja la había iniciado el General Joaquín Posada en 1834, y llega a ser, como única materia exportable, la fuerza que impulsa la navegación a vapor.

Elbers trabaja todos los días de su vida con igual vigor hasta el 4 de agosto de 1853 cuando la muerte lo sorprende en la primera de sus propiedades arriba mencionadas. El 10 de noviembre de 1925, primer aniversario del establecimiento de la navegación a vapor en el Río Magdalena, Barranquilla rinde memoria a su nombre al inaugurar un busto suyo en la plazoleta de la Aduana. El Gobierno central, intérprete del sentimiento de la nación, se asocia al gran festejo.

Re: PERMACULTURA

From: Jennifer y Juan Luis
Date: 01 Jan 2003
Time: 13:43:24
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Hola, Nos gustaria saber cuando sera el proximo tailler de que permacultura en Puerto Rico. Si usted sabe, por favor envienos un correo electronico. zen_a_fire@hotmail.com

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